

El origen los huevos decorados proviene del siglo IV. En aquella época la Iglesia no aconsejaba el consumo de huevos durante la Cuaresma. Sin embargo, las gallinas seguían poniendo huevos, ajenas a preceptos ni normas religiosas. Tirar los huevos hubiera sido un pecado. No quedaba más remedio que guardarlos. ¿Y cómo se guardaban para que no se estroperan? Pues se cocían y se barnizaban con una fina capa de cera. El domingo de Resurrección, primer día en el que ya se podían comer, se regalaban cestas de huevos decorados entre los familiares y amigos.